Libros sobre padres, hijos, familia y memoria
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¿Cuándo dejamos de conocer a nuestros padres?

Hay un momento extraño cuando crecemos. Durante muchos años nuestros padres simplemente son nuestros padres. No pensamos demasiado en quiénes eran antes de nosotros. Qué querían. De quién se enamoraron. Qué cosas les daban miedo. Qué soñaban hacer con su vida. Qué errores cometieron.

Incluso qué partes de su historia probablemente preferirían que nunca conociéramos. Para nosotros son mamá y papá. Como si hubieran comenzado a existir el día en que nosotros nacimos.

Hasta que crecemos. Y empezamos a descubrir que antes de nosotros hubo una persona. Una persona con una infancia, una familia, deseos, frustraciones, relaciones, pérdidas y secretos. Una vida completa que ocurrió cuando nosotros todavía no estábamos ahí para verla.

Entonces aparece una pregunta: ¿en qué momento empezamos realmente a conocer a nuestros padres?

Cuatro libros me hicieron pensar en esa relación desde lugares completamente diferentes. Una hija buscando al padre que la abandonó. Un hijo reconstruyendo al padre que conoció. Otro intentando acercarse a alguien cuando ya es demasiado tarde para preguntarle. Y un hombre intentando comprender qué significa convertirse en padre cuando la relación apenas comienza.

La nota al margen: nuestros padres también tuvieron una vida antes de nosotros

Alguna vez he intentado preguntarles a mis padres qué sintieron durante los meses en los que esperaban que yo naciera. Qué pensaban. Qué les daba miedo. Qué imaginaban cuando pensaban en el futuro.

Las respuestas suelen ser breves. Después la conversación cambia. Aparecen mis primeros pasos. Mi primera palabra. El nacimiento de mi hermano. Las cosas que hice cuando era niño. Y siempre me ha parecido curioso. Porque estoy intentando preguntarles por ellos y terminan hablándome de mí.

Quizá eso también sea ser padre. Que una parte de tu propia biografía empieza a contarse utilizando la vida de alguien más. Pero conforme crecemos ocurre otra cosa. La imagen que construimos de nuestros padres comienza a romperse.

Cuando somos niños pueden parecernos invencibles. Después descubrimos que tienen miedo. Que se equivocan. Que algunas veces tampoco saben qué hacer. Entendemos discusiones que cuando éramos pequeños no podíamos comprender. Problemas económicos. Relaciones familiares. Decisiones que nos ocultaron. Episodios del pasado que sólo adquieren sentido cuando nosotros mismos alcanzamos cierta edad.

Nuestros padres empiezan entonces a dejar de ser únicamente nuestros padres. Empiezan a convertirse en personas. Y pocos lugares permiten observar ese proceso tan bien como la literatura. Porque escribir sobre un padre también significa intentar reconstruirlo.

1. La cabeza de mi padre, de Alma Delia Murillo

En La cabeza de mi padre, de Alma Delia Murillo, la búsqueda es bastante literal. La autora y sus hermanos deciden buscar al hombre que los abandonó casi cuarenta años antes. Y aquí conocer al padre significa primero enfrentarse a su ausencia. Porque durante buena parte de su vida ese padre existe precisamente porque no está.

Existe en el enojo. En las preguntas. En la infancia. En la relación con su madre y sus hermanas. En aquello que significaba crecer dentro de una familia de mujeres en una sociedad profundamente machista.

Conforme avanza la búsqueda, la historia familiar también empieza a conversar con problemas mucho más grandes: el abandono paterno, la violencia, el narcotráfico, el machismo y las familias sostenidas por mujeres.

¿Cómo construimos el recuerdo de alguien que no conocimos?

Mientras leía este libro aparecía inevitablemente otra búsqueda literaria: Juan Preciado llegando a Comala para buscar a Pedro Páramo. Son historias muy distintas, pero comparten algo. La necesidad de construir a un padre mediante lo que otras personas pueden contarnos sobre él.

Porque ¿cómo recuerdas a alguien que prácticamente no conociste? Necesitas testimonios. Historias. Fragmentos. La memoria de los demás. Y ahí aparece una idea que atraviesa también los otros libros de esta conversación: nuestros padres son también todas las versiones que otras personas recuerdan de ellos.

La persona que nosotros conocimos no necesariamente es la misma que conocieron nuestros abuelos. Sus hermanos. Sus amigos. Sus parejas. Sus compañeros de trabajo.

Alma Delia Murillo comienza buscando a un padre, pero esa búsqueda termina convirtiéndose también en una forma de buscarse a sí misma. Y ocurre algo todavía más complicado. El enojo empieza a transformarse. No necesariamente desaparece. Pero aparece la comprensión. Y crecer quizá implique también aceptar algo bastante incómodo: comprender por qué alguien hizo algo no significa justificarlo.

Podemos comprender a nuestros padres y seguir pensando que se equivocaron. Conocer sus circunstancias y seguir reconociendo el daño. Quererlos y, al mismo tiempo, estar enojados con ellos. Ambas cosas pueden existir juntas.

Colección: Literatura Hispánica

Páginas: 216

Tipo de encuadernación: Tapa blanda con solapa

Fecha de publicación: 10-05-2022

Autor: Alma Delia Murillo

Editorial: ALFAGUARA

Referencia: 9786073814881

2. La figura del mundo, de Juan Villoro

¿Qué ocurre cuando el padre no estuvo ausente, pero aun así necesitamos reconstruirlo? En La figura del mundo, Juan Villoro escribe sobre su padre, Luis Villoro. Filósofo. Investigador. Intelectual. Una figura atravesada por las ideas, la política y su forma particular de entender México. Pero antes de todas esas etiquetas había algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más complicado: era su padre.

Después de la separación de sus padres, uno de los grandes vínculos entre Juan y Luis Villoro fue el fútbol. Y me interesa muchísimo esa imagen. Porque podemos imaginar que las relaciones entre padres e hijos se construyen mediante grandes conversaciones. Confesiones. Consejos. Momentos casi cinematográficos.

Pero muchas veces no funciona así. A veces el vínculo es un estadio. Un partido. Un libro. Una canción. Un viaje en automóvil. Una comida que se repite durante años. Pequeños rituales que mientras ocurren parecen cotidianos y que sólo después comprendemos como una forma de intimidad.

Para conocer a nuestros padres quizá necesitemos la memoria de otros

Juan Villoro no puede reconstruir a su padre únicamente mediante sus propios recuerdos. Necesita también los recuerdos de sus hermanos. Los de su madre. Los libros de Luis Villoro. Sus ideas. Su relación con la política. Su forma de observar México. La memoria propia no alcanza.

Y quizá nunca alcance. Nosotros conocemos una versión de nuestros padres. Nuestros hermanos conocen otra. Incluso puede ocurrir algo extraño: dos personas pueden haber crecido en la misma casa y recordar padres completamente diferentes. La misma persona. La misma familia. La misma mesa. Y varias biografías posibles.

Por eso escribir sobre nuestros padres tiene algo de investigación. Hay que preguntar. Contrastar. Recordar. Dudar. Y aceptar que probablemente nunca tendremos la historia completa.

Las cosas que también heredamos

Hay otro elemento que me interesa mucho de este libro: los objetos. Juan Villoro creció rodeado de libros pertenecientes al universo intelectual de su padre que muchas veces no comprendía. Con el tiempo, algunos de esos libros terminaron funcionando como otra forma de acercarse a él. Y heredamos muchas cosas de nuestros padres. El color de los ojos. Gestos. Manías. Formas de caminar.

Pero también heredamos objetos. Canciones. Equipos de fútbol. Recetas. Películas. Libros. A veces esas cosas nos explican algo sobre nuestros padres cuando finalmente somos suficientemente grandes para preguntar. Aunque también puede ocurrir que lleguemos demasiado tarde.

Colección: Random House

Páginas: 272

Tipo de encuadernación: Tapa blanda con solapa

Fecha de publicación: 18-04-2023

Autor: Juan Villoro

Editorial: RANDOM HOUSE

Referencia: 9786073828505

3. Solo humo, de Juan José Millás

En Solo humo, de Juan José Millás, conocemos a Carlos. El día que cumple dieciocho años descubre que su padre ha muerto. Era un hombre con quien prácticamente no había tenido relación. Y entonces recibe una herencia: su casa.

Y todo lo que había dentro. La imagen me parece poderosísima porque Carlos entra físicamente en la vida que su padre tuvo sin él. Abre una puerta que durante años había permanecido cerrada. Y empieza a conocerlo mediante sus rastros. Entre ellos están sus libros.

Carlos descubre que su padre había dejado inconclusa la lectura de un volumen de cuentos de los hermanos Grimm. Y comienza a leerlo.

Los libros que dejamos también hablan de nosotros

Hay algo casi fantasmal en continuar el libro que alguien dejó a medias. Piensa en tu propia biblioteca. Los dobleces. Los subrayados. Los separadores. Las páginas marcadas. Los libros abandonados a la mitad. Los que has releído varias veces. Puede parecer insignificante.

Pero si alguien tuviera que reconstruirte únicamente a partir de lo que hay en tu librero, probablemente descubriría bastante sobre ti. Qué te interesaba. Qué intentaste aprender. Qué abandonaste. Qué regresaste a buscar. Incluso qué estabas leyendo antes de desaparecer.

Carlos empieza a conocer a su padre de esta forma. No mediante conversaciones que ya son imposibles. Mediante aquello que dejó. Y entonces aparece otra pregunta mucho más incómoda: ¿cuánto de nuestros padres terminamos repitiendo sin darnos cuenta?

Sus formas de relacionarse. Sus silencios. Sus miedos. Sus errores. Incluso las cosas que juramos que jamás haríamos. El padre deja entonces de ser únicamente una persona. También se convierte en una herencia. Y no hablo solamente de una casa.

Colección: Literatura Hispánica

Páginas: 192

Tipo de encuadernación: Tapa blanda con solapa

Fecha de publicación: 03-05-2023

Autor: Juan José Millás

Editorial: ALFAGUARA

Referencia: 9786073831116

4. Umbilical, de Andrés Neuman

Hasta aquí hemos mirado siempre hacia atrás. Una hija buscando al padre que se fue. Un hijo reconstruyendo al padre que conoció. Otro intentando acercarse a él cuando las preguntas ya no pueden hacerse.

Umbilical, de Andrés Neuman, nos permite mirar desde el otro lado. ¿Qué ocurre antes de que exista ese hijo? ¿Qué piensa alguien cuando descubre que está a punto de convertirse en padre? Neuman escribe desde el lugar del padre primerizo. Lo acompañamos durante la espera. La ecografía. El crecimiento del vientre. La imaginación. El miedo.

Porque mientras crece el hijo también parecen crecer los temores. Y después llega el nacimiento. Ese ser que durante meses había sido imaginado finalmente está ahí. Cabe entre los brazos. Entonces cambia la casa.

Cambian las rutinas. Cambian los peligros. Un objeto que antes era simplemente un objeto puede convertirse de pronto en algo capaz de lastimar al niño. Y cambia también la forma de mirar.

Nuestros padres vivieron nuestra infancia desde otro lugar

Esta idea me hizo pensar en algo que rara vez consideramos. Nosotros conocemos la historia de nuestra infancia desde el lugar del hijo. Pero nuestros padres vivieron otra infancia exactamente al mismo tiempo.

La nuestra vista desde afuera. Nosotros recordamos aprender a andar en bicicleta.

Ellos pueden recordar soltarnos. Nosotros recordamos nuestro primer día de escuela. Ellos recuerdan dejarnos entrar. Quizá nosotros ni siquiera recordemos nuestra primera palabra. Ellos pueden llevar décadas repitiéndola.

Son dos biografías ocurriendo simultáneamente. Una desde dentro. Otra desde fuera.

Y hay otra idea que aparece en Umbilical: el hijo crece mientras el padre envejece. Dos movimientos en direcciones diferentes que en algún momento pueden encontrarse. Cuando somos niños, nuestros padres nos explican el mundo.

Después pasamos años creyendo que ya no necesitamos que lo hagan. Y quizá llega un momento en que somos nosotros quienes comenzamos a explicarles algunas cosas. Una aplicación. La tecnología. Una palabra nueva. Otra forma de mirar determinado tema.

Casi sin darnos cuenta, la relación cambia. Seguimos siendo hijos. Ellos siguen siendo nuestros padres. Pero ya no somos las mismas personas que comenzaron esa relación.

Colección: Literatura Internacional

Páginas: 128

Tipo de encuadernación: Tapa blanda con solapa

Fecha de publicación: 14-06-2022

Autor: Andrés Neuman

Editorial: ALFAGUARA

Referencia: 9786073815352

Entonces, ¿cuándo conocemos realmente a nuestros padres?

Después de estos cuatro libros, no estoy demasiado seguro de que la pregunta correcta sea cuándo dejamos de conocerlos. Quizá nunca terminamos de hacerlo. Porque ellos también cambian. La persona que era nuestro padre o nuestra madre cuando teníamos cinco años no es exactamente la misma que encontramos cuando tenemos treinta.

Y nosotros tampoco somos los mismos hijos. Quizá conocerlos implique aceptar precisamente eso: la imagen nunca está terminada. Alma Delia Murillo necesita buscar. Juan Villoro necesita recordar. Carlos necesita leer los rastros que su padre dejó. Andrés Neuman escribe cuando la relación apenas está comenzando.

Cuatro lugares completamente distintos que terminan conduciendo hacia una idea parecida: ser padre o ser hijo no es una identidad inmóvil. Es una relación que cambia con el tiempo.

El subrayado: saber cosas sobre nuestros padres no significa conocerlos

Durante años podemos pensar que conocemos a nuestros padres porque sabemos datos sobre ellos. Dónde nacieron. En qué trabajan. Qué comida les gusta. Qué música escuchan. Conocemos algunas anécdotas que hemos oído cientos de veces. Pero conocer información sobre alguien no necesariamente significa conocerlo.

Quizá conocer a nuestros padres comienza cuando dejamos de preguntarles exclusivamente por nuestra infancia y comenzamos a preguntarles por la suya. ¿Quién eras antes de mí? ¿Qué querías? ¿Qué perdiste? ¿A quién amaste? ¿Qué te daba miedo? ¿Qué imaginabas que sería tu vida? Tal vez descubramos que durante años vivimos junto a alguien de quien todavía nos quedan muchísimas cosas por saber.

La página doblada

Después de estas lecturas sigo pensando en las conversaciones con mis padres. En las respuestas breves. Los álbumes. Las historias que he escuchado tantas veces. Y también en todas las preguntas que todavía no he hecho. Quizá nunca sepamos completamente quiénes fueron nuestros padres antes de nosotros. Hay recuerdos que desaparecen. Otros cambian. Y probablemente existan algunos que prefieran conservar únicamente para ellos.

Pero algo me dejaron bastante claro estos libros: nuestros padres tienen una historia en la que nosotros no somos protagonistas. Durante una parte enorme de ella ni siquiera aparecemos. Y conocer un poco esa historia quizá también pueda ayudarnos a comprender la nuestra.

¿Qué libros hablan sobre la relación entre padres e hijos?

Si quieres leer sobre padres, hijos, memoria y familia desde perspectivas diferentes, estos cuatro libros pueden ser un buen punto de partida:

  • La cabeza de mi padre, de Alma Delia Murillo: una hija busca al padre que abandonó a su familia.
  • La figura del mundo, de Juan Villoro: un hijo reconstruye la figura de su padre mediante recuerdos, testimonios, ideas y objetos.
  • Solo humo, de Juan José Millás: un joven intenta conocer al padre ausente a través de aquello que dejó tras su muerte.
  • Umbilical, de Andrés Neuman: la paternidad observada desde la espera, el nacimiento y los primeros años de un hijo.

Son cuatro maneras distintas de acercarse a una misma pregunta: ¿cuánto podemos llegar a conocer realmente a nuestros padres?

Escucha la conversación

Este texto nace del segundo episodio de Sobre los márgenes, un espacio para hablar de las conversaciones que los libros dejan abiertas.

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Y esta vez quiero dejarte una pregunta que quizá no sea solamente para responder aquí.

Si todavía tienes la posibilidad, pregúntales: ¿Quién eras antes de ser mi mamá o mi papá?

Y después escucha. Quizá la respuesta abra una conversación que llevaba muchos años esperando.

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