¿Qué es un narrador poco fiable? Cómo reconocerlo y por qué cambia una historia
Cuando comenzamos a leer una historia hacemos algo bastante extraño. Confiamos. Alguien empieza a hablarnos y nosotros aceptamos seguirlo. Nos cuenta quién es. Qué ocurrió. Qué hicieron los demás. Qué recuerda. Qué piensa. Y durante muchas páginas podemos asumir que aquello que estamos leyendo corresponde, dentro de ese mundo, con la realidad. Hasta que algo deja de encajar. Una contradicción. Un recuerdo demasiado conveniente. Un personaje que cuenta los acontecimientos de una manera mientras todo lo que ocurre alrededor parece decir algo distinto.
Y entonces aparece una de las preguntas más interesantes que puede hacernos una historia: ¿y si no podemos confiar completamente en quien nos la está contando? Ahí entramos en el territorio del narrador poco fiable.
¿Qué es un narrador poco fiable?
Un narrador poco fiable es aquel cuya versión de los acontecimientos no puede aceptarse completamente como objetiva o verdadera. Puede mentir. Puede equivocarse. Puede recordar mal. Puede intentar justificarse. Puede desconocer información importante. O puede interpretar lo ocurrido de una manera profundamente condicionada por sus deseos, miedos, prejuicios o intereses. Esto no significa necesariamente que todo lo que diga sea falso. Ahí está precisamente lo interesante. Puede decir la verdad sobre algunas cosas y deformarla en otras. Puede incluso creer sinceramente aquello que está contando. Por eso el lector tiene que hacer un trabajo adicional: escuchar al narrador y, al mismo tiempo, observar aquello que el narrador quizá no está viendo.
Narrador no es lo mismo que autor
Antes de continuar hay una distinción fundamental. El narrador no es el autor. Aunque una novela esté escrita en primera persona. Aunque el personaje comparta características con quien escribió el libro. Aunque parezca una confesión. El narrador es una construcción literaria. Es la voz desde la que recibimos la historia. Eso significa que un autor puede crear deliberadamente una voz equivocada, manipuladora, contradictoria o moralmente cuestionable sin que esas ideas representen necesariamente su propia posición. Cuando leemos a un narrador poco fiable, por tanto, debemos preguntarnos: ¿qué quiere que yo crea este personaje? Pero también: ¿qué está haciendo el autor para que empiece a dudar de él?
→ “Diferencia entre autor, narrador y personaje”.
¿Un narrador en primera persona siempre es poco fiable?
No. Esta confusión aparece con frecuencia. Que una historia esté escrita en primera persona significa que conocemos los acontecimientos desde una perspectiva determinada. Eso limita la información disponible. Pero tener una perspectiva limitada no convierte automáticamente a alguien en un narrador poco fiable.
Todos los narradores en primera persona desconocen cosas. No pueden saber exactamente qué piensa otro personaje. No pueden estar presentes en todas partes. Eso es simplemente una consecuencia del punto de vista. La falta de fiabilidad aparece cuando tenemos razones para cuestionar la manera en que ese narrador percibe, recuerda, interpreta o comunica lo ocurrido.
Podríamos decirlo así: narrador limitado: no sabe todo. narrador poco fiable: no podemos confiar completamente en aquello que cree saber o decide contarnos. La diferencia parece pequeña. Pero cambia completamente una lectura.
→ “Tipos de narrador: primera, segunda y tercera persona”.
→ “Qué es la focalización y cómo cambia una historia”.
¿Por qué un narrador puede ser poco fiable?
No existe una sola razón. Y tampoco todos los narradores poco fiables funcionan de la misma manera.
Puede mentir deliberadamente
Sabe qué ocurrió. Pero decide contarnos otra cosa. En ese caso existe una distancia consciente entre los acontecimientos y su versión.
Puede intentar justificarse
Este es uno de mis tipos favoritos. El personaje nos cuenta su historia porque necesita convencernos —o convencerse a sí mismo— de que tomó las decisiones correctas. Entonces empieza a explicar. A suavizar. A omitir. A colocar la responsabilidad sobre otras personas. Y nosotros comenzamos a notar las grietas.
Puede recordar mal
La memoria no funciona como una grabación. Recordamos fragmentos. Reconstruimos. Olvidamos. Mezclamos momentos. Y cada vez que recuperamos un recuerdo podemos modificarlo ligeramente. Cuando una novela utiliza esta fragilidad, aquello que ocurrió y aquello que el personaje recuerda pueden empezar a separarse.
Puede interpretar equivocadamente lo que observa
El narrador quizá nos diga exactamente lo que vio. El problema está en cómo lo entiende. Sus miedos, prejuicios o deseos pueden modificar completamente la interpretación.
Puede desconocer algo sobre sí mismo
Hay personajes capaces de comprender perfectamente el mundo exterior y, al mismo tiempo, ser incapaces de reconocerse. Nos explican por qué hicieron algo. Pero nosotros empezamos a sospechar otra motivación. Nos dicen quiénes son. Sus acciones nos cuentan otra historia. Y ahí puede aparecer una de las formas más interesantes de narrador poco fiable: alguien que quizá nos está mintiendo sin saber que nos está mintiendo.
¿Cómo reconocer a un narrador poco fiable?
No existe una fórmula exacta. Una contradicción no basta. Un recuerdo incompleto tampoco. Pero hay algunas señales que deberían hacernos leer con mayor atención.
1. Se contradice
Primero afirma una cosa. Muchas páginas después cuenta algo incompatible con ella. Puede ser un error. O puede ser una pista.
2. Otros personajes ofrecen versiones diferentes
Cuando distintas personas recuerdan un acontecimiento de manera distinta, la historia empieza a abrir un espacio de incertidumbre. ¿Quién recuerda correctamente? Quizá nadie.
3. Sus acciones contradicen la imagen que tiene de sí mismo
Puede describirse como una persona generosa mientras actúa constantemente de manera egoísta. Puede decir que alguien no le importa y dedicar cien páginas a hablar de esa persona. Puede insistir en que está perfectamente tranquilo mientras todo en su relato demuestra lo contrario.
4. Intenta convencernos demasiado
Hay narradores que parecen estar alegando su propio caso. Explican. Repiten. Justifican. Insisten. Y cuanto más intentan convencernos, más razones encontramos para desconfiar.
5. Existen vacíos importantes
Hay acontecimientos que cuenta con enorme detalle. Otros desaparecen rápidamente. ¿Por qué? A veces lo más importante de una historia está precisamente en aquello que alguien decide no contar.
6. Su percepción parece alterada
Por miedo. Obsesión. Culpa. Enfermedad. Consumo de sustancias. Sueño. Trauma. O simplemente por una forma profundamente particular de interpretar el mundo. En esos casos quizá no exista una mentira consciente. Existe una realidad filtrada.
1. El corazón delator, de Edgar Allan Poe: cuando alguien necesita demostrar que está cuerdo
Poe ofrece uno de los ejemplos más claros para comprender el mecanismo. El narrador de El corazón delator insiste desde el principio en algo: no está loco. Y precisamente esa insistencia empieza a provocar el efecto contrario.
Mientras nos explica sus actos, intenta demostrar que su capacidad para planear cuidadosamente aquello que hizo es una prueba de lucidez. Pero nosotros observamos otra cosa. Vemos obsesión. Paranoia. Una percepción que empieza a deformarse. Y ahí aparece una característica fundamental del narrador poco fiable: la distancia entre cómo alguien se describe y lo que sus propias palabras nos permiten descubrir sobre él. No necesitamos que otro personaje aparezca para decirnos: “no confíes en este hombre”. El propio relato empieza a hacerlo.
→ artículo sobre El corazón delator.
2. Lolita, de Vladimir Nabokov: cuando el lenguaje intenta manipular al lector
Hay narradores que no solamente cuentan. También seducen. Humbert Humbert, narrador de Lolita, utiliza el lenguaje para construir una versión de su propia historia. Es culto. Elocuente. Ingenioso. Capaz de convertir casi cualquier cosa en una frase cuidadosamente construida. Y precisamente ahí está el peligro.
Su dominio del lenguaje puede intentar desplazar nuestra atención del hecho fundamental: estamos leyendo la versión que un abusador construye sobre su relación con una menor. El lenguaje embellece. Justifica. Reformula. Manipula. Por eso Lolita permite entender algo esencial: una voz hermosa no necesariamente es una voz verdadera.
Incluso podríamos ampliar la idea: la calidad estética de un relato no convierte moralmente en válida la perspectiva desde la que está siendo contado. El lector tiene que aprender a separar ambas cosas.
→ “Cuando el lenguaje intenta convencernos de algo que la historia contradice”.
3. El túnel, de Ernesto Sábato: cuando conocemos el final desde el principio
Juan Pablo Castel no necesita ocultarnos el acontecimiento central de El túnel. Desde el comienzo sabemos que asesinó a María Iribarne. La pregunta no es entonces: ¿quién lo hizo? La pregunta es otra: ¿cómo va a explicar este hombre aquello que hizo?
Castel reconstruye su relación. Sus sospechas. Sus interpretaciones. Sus celos. Las señales que cree haber encontrado. Y poco a poco entramos en una mente que organiza los acontecimientos de acuerdo con su propia obsesión. Eso vuelve fascinante la experiencia. Podemos comprender cómo piensa sin aceptar necesariamente la lógica con la que intenta justificar sus conclusiones. Y aparece otra regla importante para leer narradores poco fiables: comprender la perspectiva de un personaje no significa darle la razón.
→“Libros narrados desde una obsesión”.
4. Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño: recordar también puede ser justificarse
En Nocturno de Chile, Roberto Bolaño construye una voz especialmente interesante para pensar este recurso. Sebastián Urrutia Lacroix es sacerdote y crítico literario. Desde su relato regresamos a distintos episodios de su vida y a un Chile atravesado por la dictadura. Pero no estamos simplemente ante alguien recordando. También podemos leerlo como alguien intentando construir una versión de sí mismo.
Qué sabía. Qué hizo. Qué no hizo. Qué responsabilidad tuvo. Qué responsabilidad cree no haber tenido. Entonces la memoria se mezcla con la justificación. Y el lector empieza a ocupar una posición bastante incómoda: escuchamos a alguien contar su propia vida mientras intentamos determinar qué existe detrás de la manera en que la cuenta. Esto conecta directamente con una pregunta que ya dejamos abierta cuando hablamos de Roberto Bolaño: ¿puede un narrador justificar su propia historia?
→Por dónde empezar a leer a Roberto Bolaño.
→reseña de Nocturno de Chile.
→“¿Puede un narrador justificar su propia historia?”
5. Otra vuelta de tuerca, de Henry James: ¿y si nunca podemos comprobar quién tiene razón?
Hay otra forma de construir la falta de fiabilidad: no darnos una respuesta definitiva.
En Otra vuelta de tuerca, una institutriz comienza a percibir presencias alrededor de los niños que tiene bajo su cuidado. Y entonces se abre una posibilidad que ha acompañado al libro durante generaciones de lectores. ¿Estamos frente a acontecimientos sobrenaturales? ¿O estamos observando una realidad interpretada desde la perspectiva de la propia institutriz?
La novela no necesita resolver completamente la duda. Su fuerza está precisamente ahí. No sabemos exactamente cuánto confiar en esa percepción. Y entonces el lector deja de recibir pasivamente la historia. Tiene que interpretarla. Buscar señales. Evaluar versiones. Construir hipótesis. El narrador poco fiable puede provocar precisamente eso: convertir al lector en una especie de detective.
→“El lector como detective: pistas, omisiones y contradicciones en una narración”.
Pero cuidado: un personaje que miente no convierte automáticamente al narrador en poco fiable
Aquí podemos recuperar a Borges. En Emma Zunz, la protagonista construye deliberadamente una versión falsa de determinados acontecimientos. Los hechos que contará no corresponden exactamente con lo ocurrido. Pero eso no significa que el narrador del cuento sea necesariamente un narrador poco fiable. La mentira pertenece al personaje y a la historia que ella construye dentro del relato. Son dos niveles diferentes. Esto es importante porque nos permite separar: la historia que estamos leyendo delas historias que los personajes cuentan dentro de ella.
Y Emma Zunz abre además otra pregunta todavía más interesante:¿puede una historia ser falsa en sus hechos y verdadera en aquello que intenta expresar?
Escucha otra conversación
Mentir dentro de una historia no es lo mismo que tener un narrador poco fiable. En Sobre los márgenes también hablamos de Borges, Emma Zunz, memoria y de una pregunta todavía más incómoda: ¿puede una mentira decir la verdad?
→¿Puede una mentira decir la verdad? Emma Zunz y las historias que creemos.
Ocultar información tampoco convierte automáticamente a un narrador en poco fiable
Algo parecido ocurre con La casa de Asterión, también de Borges. Durante gran parte del cuento desconocemos una información fundamental sobre quien habla. Borges retrasa deliberadamente esa información. Pero eso no significa necesariamente que Asterión nos esté engañando. Nosotros simplemente estamos interpretando sus palabras sin tener todavía todas las piezas. Cuando finalmente aparece la pieza que faltaba, tenemos que reorganizar mentalmente lo que acabamos de leer.
Eso es otro recurso distinto: información retrasada. No confundamos entonces: narrador poco fiable, narrador limitado, personaje que miente e información deliberadamente ocultada al lector. Pueden aparecer juntas. Pero no significan lo mismo.
→“La casa de Asterión y la información retrasada: cuando una frase cambia todo el cuento”.
¿Por qué utilizar un narrador poco fiable?
Porque cambia completamente la relación entre lector e historia. Con un narrador convencional podemos concentrarnos en: ¿qué va a pasar? Con uno poco fiable aparece además otra pregunta: ¿puedo creer la manera en que me están contando lo que pasó?
Entonces comenzamos a leer de otra forma. Prestamos atención a las contradicciones. Los silencios. Las palabras elegidas. Las justificaciones. Las cosas que los demás personajes dicen. Y aquello que el narrador parece evitar. La lectura deja de consistir únicamente en seguir una trama. También consiste en interpretar una voz.
Un narrador poco fiable también puede hablar de la memoria
Quizá por eso este recurso resulta tan poderoso. Porque nosotros tampoco somos narradores completamente fiables de nuestra propia vida. Recordamos. Olvidamos. Reconstruimos. Cambiamos determinadas historias cada vez que volvemos a contarlas. Escuchamos una anécdota familiar tantas veces que podemos terminar sintiendo que estuvimos ahí. Dos hermanos pueden haber vivido dentro de la misma casa y recordar infancias muy diferentes. Y ninguna de esas versiones tiene que ser necesariamente una mentira. Simplemente estamos ante algo mucho menos sólido de lo que solemos imaginar: la memoria humana.
→“¿Por qué dos hermanos pueden recordar una infancia diferente?”
→“Memoria y narración: por qué recordar no significa contar exactamente lo ocurrido”.
¿Cómo leer una historia con un narrador poco fiable?
Hay una pregunta que suelo considerar especialmente útil: ¿qué diferencia existe entre lo que el narrador dice y lo que la historia me muestra? A partir de ahí podemos observar: qué afirma sobre sí mismo, cómo actúa, qué dicen los demás, qué información omite, dónde se contradice, qué necesita justificar y qué cosas parece incapaz de reconocer.
No se trata de desconfiar de cada frase. Eso volvería imposible la lectura. Se trata de aceptar que algunas historias tienen dos niveles. En uno está lo que el narrador nos cuenta. En el otro, aquello que nosotros empezamos a descubrir mientras lo escuchamos.Y quizá ahí esté lo más divertido de este recurso: a veces la historia más importante no es la que el narrador quiere contarnos, sino la que termina revelando sin darse cuenta.
¿Qué es un narrador poco fiable? En pocas palabras
Un narrador poco fiable es una voz cuya versión de los acontecimientos no puede aceptarse completamente como objetiva o verdadera. Puede mentir, equivocarse, recordar de forma incompleta, justificarse o interpretar erróneamente aquello que ocurre.
Puede ser poco fiable porque: miente; se equivoca; recuerda de manera incompleta; intenta justificarse; interpreta erróneamente lo que ocurre; desconoce aspectos importantes sobre sí mismo; o presenta una versión condicionada por sus intereses y prejuicios.
Lo importante no es simplemente descubrir que “está mintiendo”. Lo interesante es preguntarnos: ¿por qué necesitamos desconfiar de él para entender realmente la historia?
¿Un narrador en primera persona siempre es poco fiable?
No. La primera persona limita la información disponible, pero eso no significa necesariamente que el narrador distorsione o interprete de manera incorrecta los acontecimientos.
¿Un personaje que miente es un narrador poco fiable?
No necesariamente. Un personaje puede mentir dentro de una historia sin ser quien la narra, como ocurre con Emma en Emma Zunz.
¿Por qué los autores utilizan narradores poco fiables?
Porque permiten crear ambigüedad, revelar contradicciones, cuestionar una versión de los hechos y obligar al lector a participar activamente en la interpretación.
Sigue por este margen
→¿Puede una mentira decir la verdad? Emma Zunz y las historias que creemos.
→La casa de Asterión y la información retrasada.
→¿Qué es una novela coral y por qué algunas historias necesitan muchas voces?
→Tipos de narrador: quién cuenta realmente una historia.
→Qué es la focalización y por qué no es lo mismo ver que narrar.
Quizá la próxima vez que un personaje comience una novela diciendo que debemos confiar en él, convenga hacer exactamente lo contrario. O por lo menos leer un poco más despacio.
