¿Podemos confiar en nuestros recuerdos? Memoria y verdad en la literatura

Hay historias familiares que hemos escuchado tantas veces que casi podríamos jurar que estuvimos ahí. Sabemos dónde ocurrió, quién estaba sentado a la mesa, qué dijo nuestra madre, cómo reaccionó nuestro abuelo. Incluso podemos imaginar la habitación.

El problema es que quizá todavía no habíamos nacido. Y, aun así, de alguna manera, recordamos.

Tal vez porque la memoria no está formada únicamente por aquello que vivimos. También está hecha de lo que nos contaron, de fotografías, de silencios, de versiones repetidas durante años, de detalles que aparecieron después y de la historia que nosotros mismos construimos para explicar lo que ocurrió.

Por eso la literatura vuelve una y otra vez sobre la memoria. Porque recordar parece una acción sencilla hasta que comenzamos a preguntarnos: ¿qué significa realmente recordar algo?

¿Conservamos el pasado? ¿Lo reconstruimos? ¿Lo modificamos cada vez que volvemos a contarlo? ¿Y qué ocurre cuando dos personas recuerdan de forma distinta exactamente el mismo acontecimiento?

La memoria también cuenta historias

Cuando pensamos en un recuerdo podemos imaginar algo parecido a un archivo. Ocurrió un acontecimiento, quedó guardado y años después regresamos para recuperarlo.

Pero muchas historias literarias trabajan con una idea mucho más interesante: recordar también implica narrar.

Elegimos qué momentos importan, qué detalles desaparecen, dónde comienza una historia, dónde termina, a quién consideramos responsable y qué significado tiene ahora aquello que ocurrió hace veinte años.

El acontecimiento puede permanecer igual. Lo que cambia es el lugar que ocupa dentro de nuestra historia.

Algo que a los dieciocho años parecía una tragedia puede verse completamente distinto a los cuarenta. Una persona a quien considerábamos culpable puede empezar a parecernos más compleja. Un episodio que creíamos insignificante puede terminar explicando algo fundamental sobre nuestra vida.

El pasado no necesariamente cambió. Cambió la historia con la que intentamos comprenderlo.

La otra muerte: ¿puede cambiar un recuerdo hasta modificar el pasado?

Jorge Luis Borges lleva esta idea hasta un extremo imposible en La otra muerte. Pedro Damián participó siendo joven en la batalla de Masoller y, en una primera versión de su historia, sobrevivió.

Pero sobrevivió cargando con la vergüenza de haberse comportado cobardemente. Décadas más tarde muere y entonces el narrador comienza a investigar su pasado: pregunta, busca testimonios y recupera recuerdos.

Algo empieza a cambiar. Las personas ya no recuerdan exactamente la misma historia.

Aparece otra versión: Pedro Damián no sobrevivió. Murió durante la batalla y murió como un héroe.

De pronto tenemos dos pasados incompatibles. En uno existe un hombre que vivió durante décadas avergonzado. En otro, ese hombre murió joven después de actuar con valentía.

Borges plantea entonces una posibilidad fantástica: quizá Damián deseó durante tantos años corregir aquello que había hecho que, de alguna forma, consiguió modificarlo. No mediante una máquina del tiempo, sino modificando el pasado mismo: los testimonios, los recuerdos, la realidad.

Evidentemente nosotros no podemos hacer eso. Pero sí hacemos algo parecido todos los días: cambiamos el significado del pasado.

La otra muerte: ¿puede cambiar el pasado si cambia nuestro recuerdo?]

Recordamos lo ocurrido, pero también lo que ocurrió después

Hay algo particularmente interesante cuando volvemos muchos años más tarde sobre un recuerdo: ya sabemos cosas que aquella versión anterior de nosotros desconocía.

Imaginemos una discusión familiar. Cuando ocurrió quizá únicamente recordamos que nuestros padres estaban enfadados. Veinte años después podemos saber que atravesaban una separación, una crisis económica, una enfermedad o un duelo.

La escena original sigue siendo la misma, pero ahora tiene información nueva.

Eso significa que podemos regresar mentalmente al pasado llevando con nosotros conocimientos que pertenecen al futuro. Y entonces aquella tarde comienza a significar otra cosa.

Quizá por eso crecer implica revisar constantemente nuestra propia biografía.

Lee ahora: ¿Cuándo dejamos de conocer a nuestros padres?

Porque una parte de crecer consiste precisamente en descubrir que muchas situaciones de nuestra infancia tenían una historia que entonces no podíamos comprender.

La figura del mundo: recordar a alguien necesita más de una memoria

Algo similar ocurre en La figura del mundo, de Juan Villoro. Villoro escribe sobre su padre, Luis Villoro, pero rápidamente aparece un problema: su memoria no basta.

Para reconstruir a una persona necesitamos también aquello que otras personas conocieron de ella. Los hermanos recuerdan otras cosas. La madre conserva otra versión. Los amigos conocieron un rostro diferente. Los libros guardan ideas y los objetos contienen pequeños rastros.

Entonces alguien que parecía una sola persona empieza a multiplicarse.

Nuestro padre no es únicamente el padre que nosotros recordamos. También fue un hijo, un amigo, una pareja, un estudiante, un compañero de trabajo y una persona que existió durante años antes de que nosotros apareciéramos.

Cada una de esas relaciones conserva una versión diferente.

La figura del mundo | Juan Villoro

Colección: Random House

Páginas: 272

Tipo de encuadernación: Tapa blanda con solapa

Fecha de publicación: 18-04-2023

Editorial: RANDOM HOUSE

Referencia: 9786073828505

Reseña de La figura del mundo

Dos hermanos pueden recordar infancias completamente diferentes

Esta idea siempre me ha parecido fascinante. Dos personas pueden crecer bajo el mismo techo, tener los mismos padres, ir a las mismas vacaciones, compartir la misma mesa y veinte años después contar historias familiares profundamente distintas.

No necesariamente porque alguno mienta. Simplemente ocupaban posiciones diferentes dentro de la familia.

Uno era mayor. Otro menor. Uno presenció determinadas discusiones. Otro estaba en su habitación. Una decisión afectó profundamente a uno y apenas fue visible para el otro.

Incluso el mismo padre pudo comportarse de forma diferente con cada hijo.

Por eso hablar de “la historia de una familia” resulta engañoso. En realidad existen muchas, tantas como personas intenten recordarla.

Lee ahora: 7 libros sobre aquello que heredamos de nuestra familia

¿Por qué dos hermanos pueden recordar una infancia diferente?

Umami: una historia necesita varias memorias

Umami, de Laia Jufresa, convierte esa idea en estructura. No existe una sola voz capaz de explicarnos completamente lo que ocurre en la Privada Campanario.

Tenemos distintas perspectivas, personajes diferentes, ausencias, duelo, culpa y relaciones. Cada uno conoce únicamente una parte.

Un acontecimiento que para alguien parece pequeño puede convertirse en el centro de la vida de otra persona. Algo que un personaje desconoce puede aparecer muchas páginas después en la voz de otro.

La estructura coral funciona precisamente porque la realidad compartida no significa memoria compartida. Todos estuvieron allí, pero no todos vivieron lo mismo.

Esto también nos obliga como lectores a hacer algo: conectar fragmentos, comparar versiones y reconstruir. La novela no nos entrega una verdad desde arriba; tenemos que formarla utilizando distintas voces.

Umami | Laia Jufresa

Colección: Random House

Páginas: 240

Tipo de encuadernación: Tapa blanda con solapa

Fecha de publicación: 18-04-2023

Editorial: RANDOM HOUSE

Referencia: 9786073831635

¿Qué es una novela coral y por qué algunas historias necesitan muchas voces?

Reseña de Umami

Amuleto: cuando una novela ocurre dentro de la memoria

En Amuleto, de Roberto Bolaño, pasa algo diferente. Podríamos decir que la novela sucede en Ciudad de México y sería verdad, pero también podríamos decir que sucede dentro de la memoria de Auxilio Lacouture.

Y probablemente sería todavía más preciso.

Auxilio recuerda, salta, regresa, anticipa y confunde tiempos. Un momento puede conducirla hacia otro ocurrido muchos años antes o después.

En el centro está su encierro durante la ocupación militar de Ciudad Universitaria en 1968. Pero ese episodio no funciona únicamente como un acontecimiento dentro de una línea temporal: funciona como un punto hacia el que la memoria regresa constantemente.

Casi como si todo pudiera recordarse desde ahí: antes, después, lo vivido, lo imaginado, lo perdido.

Por eso Amuleto se parece mucho más a la manera en que recordamos que a la manera en que organizamos un calendario. Nuestra memoria rara vez dice: primero ocurrió esto, luego esto y finalmente aquello.

Una canción nos lleva a una persona. Una persona a una calle. Una calle a una tarde. Y de pronto estamos pensando en algo ocurrido quince años antes.

Amuleto | Roberto Bolaño

Colección: Contemporánea

Páginas: 136

Tipo de encuadernación: Tapa blanda

Fecha de publicación: 13-09-2017

Editorial: DEBOLSILLO

Referencia: 9786073157100

Lee ahora: 5 libros para desaparecer una tarde

Lee ahora: Por dónde empezar a leer a Roberto Bolaño

Reseña completa de Amuleto

¿Una memoria imperfecta convierte al narrador en poco fiable?

No necesariamente. Esta distinción es importante.

Un personaje cuya versión tenemos razones para cuestionar porque miente, se contradice, interpreta equivocadamente, intenta justificarse o desconoce algo fundamental sobre sí mismo puede convertirse en un narrador poco fiable.

Pero recordar de manera incompleta no convierte automáticamente a alguien en uno. Olvidar no es lo mismo que engañar. Reconstruir tampoco.

Una voz puede decirnos: “No recuerdo exactamente qué ocurrió aquella tarde”. Y precisamente esa duda puede hacerla más transparente.

Otra puede asegurar que recuerda absolutamente todos los detalles mientras existen señales que contradicen su versión.

La cuestión no es si la memoria es perfecta. La cuestión es qué relación tiene el narrador con aquello que recuerda.

Lee ahora:¿Qué es un narrador poco fiable? Cómo reconocerlo y por qué cambia una historia

Emma Zunz: una historia puede ser falsa y contener algo verdadero

Y aquí Borges vuelve a complicar las cosas.

En Emma Zunz, Emma recibe la noticia de la muerte de su padre y decide vengarse de Aarón Loewenthal, el hombre al que considera responsable de su desgracia.

Pero no basta con matarlo. Necesita construir una historia que explique su muerte. Entonces modifica las circunstancias, prepara una versión y después la cuenta.

Los hechos de esa versión son falsos. Sin embargo, las emociones que existen detrás —el miedo, el odio, la violencia, el deseo de vengar a su padre— sí pertenecen a su experiencia.

Entonces Borges abre una pregunta enorme: ¿una historia falsa puede decir algo verdadero?

La pregunta sirve para la literatura, pero también para la memoria. Podemos equivocarnos en un detalle y recordar perfectamente cómo nos hizo sentir determinada experiencia.

Podemos confundir una fecha y conservar intacta una sensación. Podemos descubrir que una anécdota familiar no sucedió exactamente como la hemos escuchado durante veinte años y, aun así, entender por qué esa historia llegó a ser importante para nuestra familia.

Lee ahora: ¿Puede una mentira decir la verdad? Emma Zunz y las historias que creemos

Escucha esta conversación

Borges lleva todavía más lejos la relación entre memoria, verdad y las historias que creemos.

En el capítulo 3 de Sobre los márgenes ponemos a conversar Emma Zunz, La otra muerte y Rashomon para preguntarnos qué ocurre cuando los hechos, los recuerdos y las versiones dejan de ocupar exactamente el mismo lugar.

Escúchalo también en Spotify →

La memoria familiar también se hereda

Hay recuerdos que no son exactamente nuestros. Sabemos cómo se conocieron nuestros abuelos porque alguien nos lo contó. Sabemos dónde vivía nuestra madre de niña porque hemos visto fotografías.

Conocemos determinada pelea familiar porque durante años escuchamos la misma versión. Y esas historias terminan formando parte de nuestra identidad.

Decimos: “En mi familia ocurrió esto”, aunque nosotros no estuviéramos presentes.

Así, una familia no solamente transmite apellidos, objetos o formas de relacionarse. También transmite relatos.

Y cada generación puede volver a interpretarlos.

Lee ahora: 7 libros sobre aquello que heredamos de nuestra familia

La herencia puede ser también una historia que seguimos contando.

Recordar a quienes ya no están

Cuando una persona muere ocurre algo todavía más extraño: su historia queda en manos de quienes continúan aquí.

Fotografías, cartas, mensajes, diarios, objetos, testimonios y recuerdos. Cada fragmento puede recuperar una parte, pero ninguno puede devolver la totalidad de una vida.

Libros como El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza, trabajan precisamente con esa reconstrucción.

La memoria deja entonces de ser solamente una manera de mirar hacia atrás. Puede convertirse en una forma de resistencia contra la desaparición.

Recordar significa también decir: esta persona fue más que aquello que le ocurrió.

Tuvo deseos. Amistades. Proyectos. Miedos. Una voz. Una vida.

Reseña de El invencible verano de Liliana

Literatura, memoria y duelo: por qué escribimos sobre quienes ya no están

Entonces, ¿podemos confiar en nuestros recuerdos?

Quizá la respuesta dependa de qué entendamos por confiar.

Si esperamos que cada recuerdo sea una reproducción exacta de un momento pasado, la literatura está llena de razones para desconfiar.

Pero si entendemos el recuerdo como una forma de construir sentido, la pregunta cambia. Ya no sería solamente: ¿esto ocurrió exactamente así?

También podemos preguntar: ¿por qué lo recuerdo de esta manera?

¿Qué cambió desde entonces? ¿Qué sé ahora que antes desconocía? ¿Qué parte desapareció? ¿Qué versión escuché tantas veces que terminó incorporándose a la mía?

¿Qué necesita explicar este recuerdo sobre la persona que soy actualmente?

Quizá recordamos el pasado, pero siempre lo hacemos desde el presente.

Y ese presente cambia. Nosotros también.

¿Cómo funciona la memoria?

La memoria no funciona como una reproducción exacta del pasado. Recordar implica seleccionar, reconstruir e interpretar experiencias desde el presente.

Por eso dos personas pueden recordar de manera diferente un mismo acontecimiento sin que necesariamente alguna esté mintiendo.

Cada una observó algo distinto, sintió algo distinto, conservó otros detalles y probablemente ha vuelto sobre ese recuerdo desde momentos diferentes de su vida.

Memoria y literatura, en pocas palabras

La memoria puede cumplir muchas funciones dentro de una historia: reconstruir un pasado incompleto, mostrar distintas versiones de un mismo acontecimiento, revelar cómo cambia nuestra interpretación con el tiempo y conectar experiencias individuales con la historia colectiva.

También puede recuperar a personas ausentes, cuestionar la diferencia entre hechos, recuerdos y relatos, y convertir al lector en alguien que debe reunir fragmentos para comprender qué ocurrió.

Por eso recordar dentro de una novela rara vez significa simplemente mirar hacia atrás.

Muchas veces significa volver a escribir el pasado desde el presente.

Preguntas frecuentes sobre memoria y literatura

¿Por qué la memoria es importante en la literatura?

Porque permite reconstruir el pasado, mostrar distintas versiones de un mismo acontecimiento y revelar cómo cambia nuestra interpretación de aquello que vivimos.

Una historia narrada desde la memoria no tiene por qué mostrarnos únicamente qué ocurrió. También puede enseñarnos qué significa ahora para quien lo recuerda.

¿Recordar mal convierte a un narrador en poco fiable?

No necesariamente. Una memoria incompleta puede ser reconocida por el propio narrador.

La falta de fiabilidad aparece cuando existen razones para cuestionar su interpretación, sus motivaciones o la versión que presenta de los acontecimientos.

¿Puede una familia tener recuerdos diferentes del mismo acontecimiento?

Sí. Cada persona vive los acontecimientos desde una posición distinta.

Dos hermanos pueden crecer bajo el mismo techo y conservar recuerdos muy diferentes de su infancia sin que necesariamente alguno esté mintiendo.

¿La memoria cambia con el tiempo?

Nuestra interpretación de un recuerdo puede cambiar conforme adquirimos nueva información, vivimos otras experiencias o entendemos mejor aquello que ocurrió.

El acontecimiento permanece en el pasado. La persona que regresa a él ya no es la misma.

Sigue por este margen

Si quieres continuar esta conversación, puedes seguir por aquí:

¿Cuándo dejamos de conocer a nuestros padres? →
Sobre las preguntas que empezamos a hacer cuando descubrimos que nuestros padres tuvieron una historia antes de nosotros.

7 libros sobre aquello que heredamos de nuestra familia →
Sobre silencios, patrones, recuerdos y relatos que pueden pasar de una generación a otra.

¿Qué es un narrador poco fiable? →
Para entender qué ocurre cuando el problema no está solamente en recordar, sino en la voz desde la que recibimos una historia.

¿Puede una mentira decir la verdad? Emma Zunz y las historias que creemos →
Para continuar con Borges y la extraña distancia que puede existir entre los hechos y aquello que sentimos como verdadero.

Tal vez nuestra memoria nunca haya sido un archivo.

Quizá se parezca mucho más a un libro que llevamos toda la vida reescribiendo.

Las páginas anteriores siguen ahí, pero cada vez que regresamos a ellas somos un lector diferente.